Santo Domingo Este recupera su valor histórico con la reinstalación del monumento La Cruz de Mendoza
La Alcaldía de Santo Domingo Este ha completado la reinstalación de una nueva escultura monumental en la intersección de la carretera Mella y la calle Mendoza, un punto estratégico que marca la entrada a la antigua hacienda de Nicolás Mendoza. Esta intervención busca preservar un legado histórico y religioso que ha formado parte de la identidad de la demarcación durante más de tres siglos, consolidando nuevamente este espacio como un referente cultural para el municipio de mayor dimensión territorial y poblacional del país.
El origen de este símbolo se remonta a los siglos XVII y XVIII, cuando la costumbre española dictaba la colocación de cruces para marcar límites en haciendas, caminos y poblados. Según el historiador José Manuel Antigua Cabrera, la insignia fue colocada originalmente para señalar el confín de la propiedad de Nicolás Mendoza, funcionando además como un punto fronterizo con los Negros Mina. Con el paso del tiempo, el entorno se convirtió en un lugar de descanso para los cortejos fúnebres que se dirigían al antiguo cementerio de Los Mina y en un punto de encuentro para cofradías, celebrándose allí cada 3 de mayo la Fiesta de la Santa Cruz.
La importancia de este monumento trasciende lo religioso, al estar profundamente vinculado a la memoria de la resistencia negra y a la historia de los esclavizados en la zona. Aunque existe un debate historiográfico sobre su origen, algunos sectores asocian la cruz con la Rebelión de Mojarra y Mendoza de 1812, mientras que otros investigadores sostienen que el crucifijo ya existía con anterioridad a dicho levantamiento. Asimismo, el área es reconocida por su relación con la memoria de los Negros Mina, quienes fueron organizados formalmente a mediados de 1600 tras su etapa como cimarrones, y por ser escenario de los levantamientos de Lemba y los negros Mandinga.
Durante años, el monumento original, una modesta efigie de hierro situada sobre un redondel de concreto frente a una antigua estación de combustible, permaneció en estado de abandono debido al crecimiento urbano y al flujo vehicular. A pesar de este deterioro, los residentes locales continuaron identificando el lugar como un símbolo de la espiritualidad mestiza dominicana. La actual administración municipal ha valorado la connotación histórica del sitio, permitiendo que la nueva escultura monumental recupere el espacio como un altar popular y un legado cultural que conecta a las generaciones actuales con sus raíces coloniales.



