El Parlamento de Groenlandia, conocido como Inatsisartut, aprobó este martes el acuerdo de seguridad suscrito en septiembre pasado entre este territorio autónomo danés, el Reino de Dinamarca y los Estados Unidos. La votación concluyó con 16 votos a favor y siete abstenciones, sin registrarse votos en contra. Este pacto, que se fundamenta en un convenio previo que data de 1951, garantiza a la nación norteamericana una presencia militar indefinida en la isla y establece restricciones para inversiones de países rivales en sectores estratégicos, manteniendo el respeto a la soberanía e integridad territorial de Groenlandia.

La aprobación del documento estuvo precedida por un intenso debate político. El ministro de Exteriores groenlandés, Múte B. Egede, protagonizó un enfrentamiento con el partido opositor Naleraq, segunda fuerza parlamentaria que aboga por una independencia acelerada de Dinamarca. Egede acusó a dicha formación de filtrar información confidencial sobre el acuerdo, lo que derivó en una moción de censura contra el ministro que finalmente no prosperó. El partido Naleraq había manifestado su rechazo al pacto, argumentando que Groenlandia podría haber negociado condiciones más beneficiosas y defendiendo la necesidad de someter la decisión a un referéndum popular.

Este acuerdo pone fin a un periodo de fricciones diplomáticas que se extendió por más de un año. El origen del conflicto se remonta a las declaraciones del entonces presidente estadounidense, Donald Trump, quien llegó a sugerir la posibilidad de adquirir la isla, incluso mediante el uso de la fuerza, bajo el argumento de proteger intereses de seguridad nacional. El documento definitivo fue rubricado el 22 de septiembre en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en una ceremonia que contó con la presencia de Trump, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el presidente autonómico groenlandés, Jens-Frederik Nielsen.

Aunque el paso dado por el Parlamento de Groenlandia es fundamental, el acuerdo aún no ha entrado en vigor de manera definitiva. Para que el pacto sea plenamente ejecutable, se requiere que el Parlamento danés realice una nueva votación, la cual está programada para llevarse a cabo dentro de dos semanas. Hasta que no se complete este trámite legislativo en Dinamarca, el convenio permanecerá en una fase de espera administrativa, marcando el cierre de un proceso complejo que ha redefinido las alianzas estratégicas en la región ártica.